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El estado de la economía colaborativa en Europa

El estado de la economía colaborativa en Europa

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Con el anuncio de que se debería permitir que compañías como Uber y Airbnb prosperaran en los países en lugar de penalizarlas o prohibirlas por completo, la Comisión Europea ha dado un impulso a la economía colaborativa en la región.

Los países con densidad de población en Europa son los ideales para las startups de economía compartida, ya que maximizan el valor de activos con poco uso, como casas o automóviles, para alquilárselos a otros.

Al igual que pasa en Estados Unidos, la Unión Europea se ha enfrentado a dificultades para crear un medio que regule su funcionamiento, y equilibre los intereses de sus competidores, muchos temerosos de que esta transformación les obligue a cerrar sus negocios.

La falta de normativa

Según un informe de la Comisión Europea, el año pasado la economía colaborativa generó unos ingresos brutos totales de 31,7 millones de dólares, llegando a alcanzar un valor estimado en 644.000 millones. Actualmente, según el documento, son 900.000 las personas que trabajan en este negocio.

El estudio explica que las empresas de economía colaborativa deben ser tratadas de forma diferente a las empresas con empleados y clientes, reconociendo en este ámbito tres distinciones distintas. Estas serían entre empleados y operadores independientes, profesionales y proveedores de servicios ocasionales, y entre plataformas que proporcionan un servicio básico y aquellas que proporcionan información y servicios auxiliares.

uber en londres

Si bien la discusión en Estados Unidos con respecto a la clasificación de los conductores de Uber y Lyft, como empleados o proveedores de servicios independientes, es un tema de candente actualidad, en la UE pasa lo mismo.

Según la clasificación de estos, la implicación en la protección de un trabajador es distinta. Otra cuestión aquí es cómo se aplican las reglas de seguros a conductores y pasajeros de estos servicios, y si necesitan licencias de seguros o comerciales.

En este sentido Gilles Duranton, profesor de Bienes Inmuebles de Wharton, señala que “Uber ha estado operando en un vacío normativo y está creciendo lo más fuerte y rápido posible. Cuando los órganos reguladores estén de acuerdo, será demasiado tarde. Esta ha sido una estrategia muy eficaz”.

Los ‘pivotes’ de la empresa europea

Según el modelo desarrollado de empresas procedentes de Estados Unidos, como son Uber y Airbnb, algunas organizaciones de Europa han creado pivotes creativos, que son correcciones drásticas en la dirección, para adecuarse a las regiones más densamente pobladas, donde las personas no tienen coche y viven cerca una de las otras.

Una de ellas es la nacida en 2011 en los Países Bajos, como es SnappCar, la segunda comunidad más grande para compartir coche peer-to-peer (sin intermediarios) de Europa. La compañía lleva recaudado hasta ahora 6,28 millones de dólares, siendo un 50% de los usuarios también accionistas de la misma.

Su modelo de negocio se basa en pedir prestado el coche al vecino por precios que varían entre 11 y 560 dólares.

Pascal Ontjid, uno de los fundadores de la compañía, explica que su funcionamiento se basa en que “la persona formula una solicitud para alquilar al propietario. El propietario puede o no aceptar la solicitud presentada, y siempre tiene el control y puede decir ‘no’”.

En este sentido, “las ciudades europeas están más densamente pobladas. En América del Norte, no se puede vivir sin un coche”, dijo Duranton. “Esto significa que el mercado de automóviles de uso compartido en América del Norte está posiblemente limitado a cinco o diez ciudades. En Europa, es posible que haya 200 ciudades en las que uno puede moverse sin un coche”.

Precisamente la densidad es una facilitadora para que la gente tome “prestadas” las cosas a los vecinos. En Holanda ya hay una startup llamada Peerby, que permite buscar las cosas que necesita la gente, y cuenta con 250.000 usuarios en los Países Bajos, y el resto de Europa y Estados Unidos.

El inventario urbano

La profesora de Estudios jurídicos y Ética en los negocios de Wharton, Sara Light, explica que “la densidad urbana crea las condiciones óptimas para que la economía colaborativa funcione…la ventaja de esto es que alguien en el barrio puede prestar el objeto deseado de forma inmediata. Si no hay densidad, la posibilidad de conseguir lo que se necesita es menor”.

De hecho, el CEO & Founder de Peerby, Daan Weddepohl, considera que “el intercambio es un principio humano básico”. Cuando en 2009 un incendio destruyó sus apartamentos y todas las pertenencias, muchas personas estuvieron dispuestas a ayudarle. Según Weddepohl, de ahí surgió la idea, apuntando que “la amplia disponibilidad de la tecnología móvil y la conectividad facilitan en gran medida la creación de este tipo de plataformas para compartir”.

El no consenso de Europa

De momento en el viejo continente hay quienes aceptan de lleno estas empresas de economía colaborativa, y las que las descartan por completo. Un ejemplo es Londres, cuya acogida de este tipo de negocios es mucho mayor que la obtenida en Paris.

El periódico Daily Telegraph explica que Reino Unido es el hogar de una de cada diez empresas que operan en economía colaborativa, siendo por tanto la elección de más que el total de empresas surgidas en España, Francia y Alemania juntas. Se espera que esta industria en Reino Unido pase de los 737 millones de dólares a los 13.300 millones en 2025.

De hecho, el año pasado Londres flexibilizó una ley de hace 40 años para que la gente pudiese alquilar su casa durante 3 meses o menos, como indica un informe de The Evening Standard.

A comienzos de este 2016 el gobierno británico anunció un recorte de impuestos para las personas que deseen ganar un dinero extra gracias a la economía colaborativa. Con esta medida, las startups de alquiler sin intermediarios han prosperado en U.K., resistiendo su expansión en otros países con un grado mayor de supervisión reguladora.

En este escenario, Bélgica, Francia, Italia, Alemania y Holanda declararon ilegal la oferta de carreras por parte de conductores no profesionales, multando los tribunales penales franceses a Uber y a dos de sus ejecutivos.

En París, las empresas de taxis se han tenido que renovar y crear su propia aplicación donde pagar por adelantado y controlar la proximidad del conductor solicitante, como hace Uber.

economia colaborativa europa.2Además, la capital francesa es uno de los mercados más grandes de Airbnb, creando el alcalde un equipo de 20 agentes para investigar el intercambio ilegal de alojamiento, al tiempo que multaba a 20 propietarios. La empresa decidió iniciar una recaudación de impuestos por ocupación en Paris.

Lo mismo ocurre en Amsterdam, donde desde febrero de 2015 Airbnb comenzó a subir los impuestos turísticos para cumplir las regulaciones fiscales. En el caso de Berlin, no se puede alquilar un apartamento completo en Airbnb sin el permiso de la ciudad, que se esfuerza por mitigar el aumento de los alquileres. De momento todavía se puede alquilar una habitación.

Las normas europeas imponen que un propietario que alquile una propiedad todo el año es un “distribuidor” y necesita licencia para operar, y cumplir con unas obligaciones y normas como dueño del negocio. Según Bloomberg, las personas representan el 40% de los ingresos de Airbnb.

Aunque hay Gobiernos que restringen este tipo de economía y otros la alentan, Weddepohl piensa que al final la economía colaborativa “es una fuerza desestabilizadora que dará lugar a un modelo económico más eficiente”.

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