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La democratización de la impresión 3D

La democratización de la impresión 3D

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Imaginar un objeto cualquiera, dibujarlo en un ordenador, y convertirlo en algo material. Esto ya es posible gracias a la impresión 3D, una tecnología que ha supuesto una revolución innegable y a la que ya se han rendido campos como la medicina o la ciencia. Sin embargo, su penetración en el entorno doméstico aún está lejos de ser algo habitual.

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Cuando, hace unos pocos años, empezamos a oír hablar de impresión e impresoras 3D, muchos pensaban que todos tendríamos una en casa. Sin embargo, aunque sus precios son cada vez más asequibles, su manejo requiere de unas habilidades profesionales que las alejan del usuario de a pie.

Frente a esta realidad, están empezando a surgir empresas que quieren alejar estas dificultades, para lograr de una vez por todas democratizar esta tecnología.

Nuevos modelos

El primer y, quizás, principal obstáculo que se encuentra el usuario de a pie es la falta de conocimientos de diseño. Para sortear este problema, la empresa española Tumaker ha creado Voladd, una impresora 3D conectada a una plataforma de contenidos online, que permite imprimir sin tener unos conocimientos previos de diseño.

Su CEO, Jon Bengoetxea, la define como el Netflix de los objetos. “Nuestra hipótesis es la siguiente: si la gente consume contenidos (sonido, imagen, texto…) sin necesidad de generarlos, ¿por qué iba a ser distinto con cosas más tangibles?”. El directivo expone además que el problema de la impresión 3D es su curva de aprendizaje: “Es como si para escuchar música tuvieras que aprender solfeo”.

La plataforma de Voladd cuenta con un catálogo de 20.000 objetos divididos en 24 categorías para todos los gustos y necesidades: enseñanza, juegos, ciencia, cocina, repuestos, coleccionables y manualidades, entre otras.

La democratización de la impresión 3DAdemás, la plataforma está conectada directamente a la impresora. La empresa pretende lanzar una primera edición de 2.500 máquinas antes de noviembre, a un precio de unos 700 euros.

Aunque uno de los más completos, Voladd no es el primer repositorio de productos para imprimir que se puede encontrar en la web: existen otros como Thingiverse o MyMiniFactory que cumplen la misma función.

Muchas son las empresas, además, que sacan al mercado nuevos productos asequibles para la mayoría de los bolsillos, con la idea de evitar que la impresión 3D se convierta en un asunto de élites. Es el objetivo de Obsidian, que tiene una impresora que puede adquirirse por unos 85 euros.

Tampoco las grandes compañías quieren quedarse al margen de este negocio con enorme potencial. BQ ha fabricado la Witbox Go, que pone el foco en la experiencia de usuario: permite imprimir desde el Smartphone con facilidad, usando Android como sistema operativo, y buscando piezas diseñadas por un tercero.

Los frenos al uso cotidiano de la tecnología

Los motivos por los que la impresión 3D aún no ha llegado al gran público son variados.

Antonio Relaño, experto en impresión 3D, habla de tres campos principales sobre los que trabajar: tecnología, materiales y diseño.

En cuanto al primer punto, considera que la solución “pasa por una impresora silenciosa, fiable, sin problemas técnicos y que no sea más difícil de manejar que un móvil”.

También se ha avanzado mucho en los materiales. Cada uno requiere una configuración diferente, e incluso algunas máquinas ya identifican el material que necesita un determinado diseño y se adaptan para imprimirlo.

Además, la utilización de nuevos materiales, como el filaflex, da lugar a nuevas posibilidades; un ejemplo de esto es la primera colección de moda que se puede imprimir en casa, diseñada por Danit Peleg y que vio la luz hace pocas semanas.

Pero, como señalábamos antes, quizás el principal problema (ya que no se soluciona solo con dinero) es las habilidades en cuanto a diseño que necesita adquirir el usuario.

Ante este obstáculo, existen programas gratuitos cada vez más fáciles de usar como Sketchup o Thinkercad, pero eso sí, son necesarios conocimientos en software de diseño tridimensional para poder exprimir al máximo esta tecnología.

Por lo general, la inversión en una impresora 3D no es precisamente barata, y a la gente le echa para atrás gastarse el dinero si luego o van a ser capaces de sacarle partido. La pelota está ahora en el tejado del usuario.

Fuente Retina

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