El liderazgo de Benoit de Clerck, máximo responsable de Zenith, refleja una visión muy precisa de lo que significa dirigir una compañía global en un sector altamente competitivo. Su experiencia en diferentes mercados y culturas ha marcado un estilo de gestión en el que las personas y la puntualidad ocupan un lugar central.
Desde su llegada a la firma suiza, perteneciente al grupo LVMH, De Clerck ha consolidado un enfoque donde la exigencia en la ejecución convive con la confianza en los equipos, convencido de que la fortaleza de una organización reside en su capital humano.
La exactitud como principio de gestión
Para De Clerck, la claridad en los objetivos y expectativas es un requisito innegociable. Esa filosofía se traduce en procesos más eficientes y en una cultura corporativa donde la puntualidad se convierte en un valor estratégico. El directivo sostiene que cumplir los plazos es un factor diferencial porque depende directamente de la disciplina individual, mientras que los planes de negocio pueden ajustarse en el tiempo.
Esta visión conecta con la necesidad actual de las empresas de responder de forma ágil en contextos de incertidumbre. El CEO subraya que la capacidad de adaptación rápida a imprevistos es lo que distingue a un líder eficaz, una habilidad que él mismo ha fortalecido a lo largo de su carrera internacional.
Personas como motor del éxito
Más allá de cifras o resultados financieros, De Clerck insiste en que lo que sostiene cualquier proyecto son las personas. Considera que el exceso de control limita la creatividad y apuesta por dar a los empleados margen para desplegar iniciativa. En su opinión, la clave está en rodearse de talento y confiar en su autonomía.
Su discurso resuena en un momento en el que muchas organizaciones buscan fórmulas para reforzar el compromiso de sus plantillas. La apuesta por la motivación y los valores compartidos como ejes de gestión muestra cómo el capital humano se convierte en ventaja competitiva cuando la dirección entiende su importancia más allá de los números.
Una visión global y flexible
La trayectoria de De Clerck en ciudades como Dubái, Nueva York o Hong Kong ha reforzado una mentalidad abierta y flexible. El contacto con distintas culturas le ha permitido integrar perspectivas diversas en su estilo de liderazgo, algo especialmente valioso para compañías con presencia en múltiples mercados.
Esa experiencia le ha enseñado que la exposición a entornos distintos es una forma de entrenar la capacidad de adaptación, tanto en lo personal como en lo profesional. En su actual rol, traslada ese aprendizaje a la gestión, donde la diversidad cultural se convierte en fuente de innovación y ventaja competitiva.
El compromiso personal como parte del rol
El ejecutivo reconoce que nunca desconecta del todo de su responsabilidad. Considera que la exigencia de un puesto de dirección requiere un nivel de implicación total, incluso fuera del horario laboral. No obstante, encuentra en el deporte y en la vida familiar un espacio para equilibrar esa dedicación.
La forma en que vive su papel de líder evidencia una idea central: dirigir una compañía no es solo una función profesional, sino un compromiso que combina visión estratégica, disciplina personal y una convicción profunda en el valor de las personas.
Fuente: Expansión




































