El crecimiento de los centros de datos sitúa el consumo de agua y energía en el centro del debate tecnológico, mientras voces como la de Erin Brockovich alertan de su impacto sobre los recursos naturales y las comunidades locales.
Expertos del sector apuntan que “La IA puede ayudar a combatir el cambio climático, pero no podemos ignorar la huella ambiental de las infraestructuras que la hacen posible”.
En un escenario marcado por olas de calor cada vez más frecuentes, sequías recurrentes y una creciente presión sobre los recursos energéticos, la expansión de la inteligencia artificial está llevando a primer plano una cuestión cada vez más relevante: el impacto ambiental de las infraestructuras que hacen posible su funcionamiento.
Aunque la IA suele percibirse como una tecnología intangible, detrás de cada consulta, modelo o aplicación existen miles de servidores alojados en centros de datos que requieren un suministro constante de electricidad y sistemas avanzados de refrigeración. Según datos recogidos por Euronews, Estados Unidos concentra actualmente más de 5.400 centros de datos y la Unión Europea supera los 2.200.
Para Sergio García Estradera, gerente de i3e, esta realidad obliga a ampliar el debate sobre el desarrollo tecnológico. «La IA puede convertirse en una herramienta clave para mejorar la eficiencia energética, optimizar recursos y acelerar la lucha contra el cambio climático, pero también debemos prestar atención a la huella ambiental de las infraestructuras que hacen posible su funcionamiento«, afirma.
El experto subraya que el reto pasa por encontrar un equilibrio entre innovación y sostenibilidad. «No se trata de frenar el avance tecnológico, sino de asegurar que su crecimiento vaya acompañado de una planificación energética adecuada y de inversiones que permitan minimizar su impacto ambiental«, añade.
Temperaturas récord y una demanda energética al alza
Según datos de la AEMET, julio de 2026 ha sido el mes más caluroso registrado en España, un nuevo hito dentro de una tendencia marcada por el aumento de las temperaturas y la mayor frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos.
En este contexto, el impacto ambiental de las infraestructuras que sustentan la inteligencia artificial adquiere una relevancia creciente. La Agencia Internacional de la Energía (IEA) estimó que los centros de datos consumieron alrededor de 415 TWh de electricidad en 2024, el equivalente al 1,5% de la demanda eléctrica mundial, y prevé que esta cifra alcance los 945 TWh en 2030, impulsada principalmente por el desarrollo de la IA.
Del debate tecnológico al impacto sobre los recursos
Más allá del consumo eléctrico, diversos estudios internacionales han alertado también sobre el uso intensivo de agua necesario para refrigerar servidores y equipos de alto rendimiento, una cuestión que ha situado la sostenibilidad de los centros de datos entre los principales retos asociados al crecimiento de la economía digital.
La creciente preocupación por este asunto ha llegado también al ámbito social y medioambiental. Recientemente, la abogada especializada en sostenibilidad Erin Brockovich, conocida por la investigación que inspiró la película protagonizada por Julia Roberts, ha llamado la atención sobre el impacto que algunos centros de datos pueden tener sobre el consumo de agua, la demanda energética y los recursos disponibles en las comunidades donde se ubican.
Desde i3e recuerdan que la disponibilidad de energía, la eficiencia de los sistemas de refrigeración y la planificación de infraestructuras serán factores cada vez más determinantes para sostener el crecimiento de la economía digital.
«La conversación sobre la IA ya no puede centrarse exclusivamente en sus capacidades tecnológicas. También debemos preguntarnos cómo garantizar que esta revolución digital avance de forma compatible con los compromisos energéticos y climáticos que la sociedad se ha marcado«, concluye García Estradera.




































