- El absentismo no solo afecta a la competitividad inmediata, sino que puede tener efectos profundos sobre el relevo generacional, uno de los grandes retos que afronta el modelo empresarial familiar en España.
El absentismo laboral ha dejado de ser un problema exclusivo de recursos humanos para convertirse en uno de los grandes debates económicos del país.
Mientras el debate se centra en el coste que soportan las empresas y la Seguridad Social, desde Rhombus, consideran que existe una consecuencia mucho menos visible y que puede resultar todavía más determinante para miles de compañías familiares: el deterioro de la cultura empresarial y el impacto que ello tiene sobre el relevo generacional.
«El absentismo tiene un coste económico evidente, pero también un coste invisible. Cuando las ausencias se cronifican y el compromiso de los equipos disminuye, la empresa pierde cohesión, capacidad de innovación y atractivo para quienes algún día deberán asumir su dirección«, explica Soly Sakal.
El absentismo también amenaza el legado empresarial
España afronta durante esta década uno de los mayores procesos de sucesión empresarial de su historia, con miles de empresas familiares preparándose para el relevo entre generaciones. En este escenario, Sakal considera que reducir el absentismo a un problema de productividad supone quedarse solo con una parte del diagnóstico.
«Las nuevas generaciones no deciden incorporarse únicamente porque el negocio sea rentable. También analizan el clima laboral, la motivación de los equipos y la capacidad de la empresa para adaptarse a un entorno cada vez más exigente. Si encuentran organizaciones desmotivadas, con problemas de compromiso y dificultades para atraer talento, el relevo pierde atractivo» explica el experto en dirección y asesoramiento empresarial.
A juicio del directivo, la discusión abierta estos días debería servir para reflexionar sobre el origen del problema y no únicamente sobre quién debe asumir su coste. Bajo su punto de vista “combatir el absentismo exige mejorar la eficiencia del sistema sanitario, reforzar los mecanismos de control cuando exista fraude, pero también construir empresas donde las personas quieran implicarse. Sin esa visión, cualquier reforma será insuficiente«.
Del balance financiero al balance del compromiso
La empresa familiar debe empezar a gestionar el compromiso de sus equipos con la misma rigurosidad con la que analiza sus indicadores financieros. «Durante décadas hemos medido ventas, EBITDA, liquidez o patrimonio. Ha llegado el momento de incorporar indicadores que permitan conocer el nivel de compromiso, bienestar y vinculación de las personas con el proyecto empresarial. Ese será uno de los grandes factores de competitividad de la próxima década» avisa.
Las compañías que mejor afrontarán el relevo generacional serán aquellas capaces de combinar la experiencia de los fundadores con un liderazgo más participativo y cercano a las expectativas de las nuevas generaciones.
«No basta con transmitir acciones o patrimonio. El verdadero legado consiste en transmitir un proyecto capaz de ilusionar a quienes deberán liderarlo en el futuro. El absentismo nos está avisando de que esa conexión, en muchas empresas, empieza a debilitarse«.




































