En la moda se dice que las tendencias son cíclicas y lo antiguo siempre acaba volviendo, pero esto no aplica a todo, y no se me ocurre un ejemplo más claro que los dispositivos tecnológicos, en constante avance. A nadie en su sano juicio se le ocurriría decir que su viejo troncomóvil que solo hacía llamadas y SMS es mejor que su smartphone o su ordenador de última generación, ¿no crees?
Pues bien, parece que no todo es tan sencillo, ya que en España y el resto del mundo las calles y hogares se están llenando últimamente de productos tecnológicos vintage y, sobre todo, se ha disparado el interés de los consumidores por ellos.
La afición por lo clásico en la tecnología va mucho más allá del coleccionismo que siempre ha habido por productos icónicos como los primeros ordenadores de Apple o videojuegos y consolas antiguas.
El fenómeno ahora es masivo e incluye productos nuevos con diseños o funciones clásicas, así que no se basa solo en la nostalgia ni puede decirse que sea solamente una involución sin sentido.
Las categorías de productos de inspiración clásica más populares
Dentro de este renacer de lo clásico, se incluyen tanto productos de hace décadas que habían desaparecido prácticamente como dispositivos con funciones modernas, pero diseños que remiten a los de hace décadas.
Un ejemplo claro de renacimiento es el de las cámaras digitales, instantáneas y analógicas con carrete. Estos dispositivos, de marcas como Polaroid o Instax, son una alternativa al smartphone no solo en la estética de las imágenes, con un aspecto más retro, sino también en la forma de consumir y sobre todo de apreciar los recuerdos.
La nostalgia es muy clara también en los videojuegos, tanto por las consolas retro como por unos juegos en formato físico cada vez más amenazados por lo 100% digital.
En la música, lo vintage está encontrando uno de sus mayores filones en el mundo de la tecnología, no solo con la vuelta de los auriculares con cable frente a los modelos actuales inalámbricos.
Fabricantes de auriculares como Marshall están aprovechando el renacido interés por los diseños clásicos para llenar las calles de modelos con cable e inalámbricos que recuerdan al siglo XX por fuera, pero con la calidad actual de sonido.
También los reproductores MP3 están volviendo, aunque el ejemplo más claro de la vuelta a lo antiguo en música son claramente los tocadiscos, walkman y discman, que en sus diferentes formatos están reviviendo los vinilos, casetes y colecciones de CD de muchas personas, pero también los viejos y nuevos modelos de Sony.
Incluso en el hogar lo vintage parece estar más vivo que nunca. No solo en decoración, sino en electrodomésticos que tienen mucha tecnología detrás, como las cafeteras, tostadoras, frigoríficos, en los que los diseños que remiten a los años 50, 60 o 70 viven hoy una segunda juventud, aunque no renuncien a funciones del siglo XXI.
Qué es lo que hace que lo vintage sea ahora tan irresistible
Ante este fenómeno no hay solo una explicación, sino un cúmulo de razones. Una que se escucha mucho es que las nuevas generaciones, como la Z, son las abanderadas de este cambio por nostalgia hacia una era más simple, pero hay más motivos.
Uno de ellos es que en un mundo 100% digital se pierden mucha de las virtudes de los formatos físicos. Una foto de Polaroid que tomaste con tus amigos siempre generará más apego emocional que los cientos o miles de fotos de tus vacaciones, y lo mismo con el CD físico de tu banda preferida frente a Spotify.
La corriente actual hacia lo vintage también favorece lo imperfecto de los dispositivos antiguos frente a lo perfecto de los actuales. En un mundo en el que hasta los móviles más humildes ya hacen fotos con calidad para Instagram, el ruido y las imágenes granuladas se perciben como algo más humano y familiar.
Muchos de los dispositivos vintage se aprovechan también de un cierto cansancio tecnológico. Frente a los dispositivos tan avanzados actuales, se reivindica que no todo debe estar conectado a internet y se defienden los dispositivos offline. También los productos que solo sirven para una cosa, frente a los actuales con muchas funciones.
Tener lo más avanzado no emociona… si ya lo tienes
En el fondo, lo que pasa puede ser aún más sencillo de explicar. Y es que en un país desarrollado como España, en la actualidad la mayoría de personas ya tiene sus necesidades tecnológicas cubiertas, al menos las básicas.
Por ello, el interés en los nuevos lanzamientos baja y también las novedades que incluyen son menos llamativas. Honestamente, ¿cuándo es la última vez que te emocionó el último iPhone o Samsung que se lanzó?
En este contexto, se puede empezar a pensar más en hacerse con productos que te diferencian de lo general, y la fuente de inspiración más clara ahí es lo vintage, con dispositivos que se usaban antes, cuando éramos niños o más jóvenes, pero ahora casi están en desuso.
Quién sabe si la escasez global de RAM y el aumento desproporcionado de los precios acabarán haciendo que volvamos a valorar los dispositivos tecnológicos de uso diario, pero parece claro que de momento a este boom por lo clásico le queda cuerda para rato.





































