La presión sobre el circulante está empujando a los directivos financieros a buscar vías de liquidez más allá de los flujos de caja tradicionales. La respuesta del mercado es clara: la financiación basada en activos (ABL) pisa el acelerador como herramienta estratégica.
Tras un arranque de año contenido, el crédito vinculado a activos de la empresa —fundamentalmente cuentas a cobrar e inventario— ha experimentado un fuerte rebote. Según el último índice de la Secured Finance Network (SFNet) del segundo trimestre de 2026, las nuevas operaciones se han disparado en torno a un 60% tanto en la banca tradicional como en las entidades de crédito alternativo.
Este salto devuelve los compromisos netos a un terreno netamente positivo, pasando de cifras rojas a principios de año a generar más de 2.800 millones de dólares en nuevos compromisos bancarios.
No es crisis, es gestión estratégica del circulante
Para la inteligencia financiera de una empresa, este dato desmiente un mito recurrente: recurrir a los activos como garantía no implica necesariamente que la compañía esté en dificultades. De hecho, un 71% de las emisiones sindicadas en este periodo correspondieron a refinanciaciones de corporaciones que buscan renovar vencimientos o adaptar sus líneas de crédito a balances alterados por la inflación, los costes de inventario o el propio crecimiento del negocio.
El mercado se encuentra ante un escenario de doble necesidad: asegurar la tesorería en momentos de tensión y construir estructuras financieras lo suficientemente flexibles para no ahogar la operatividad diaria.
La factura de la flexibilidad: control y disciplina
Convertir el inventario acumulado o las facturas pendientes de cobro en liquidez inmediata amplía el mapa de opciones del director financiero (CFO), pero tiene una contrapartida operativa.
A cambio de esta flexibilidad, las empresas se ven obligadas a implantar una disciplina mucho más estricta sobre su circulante. Las entidades prestamistas encuestadas esperan que la demanda siga creciendo en los próximos meses, pero mantienen una cautela moderada sobre el riesgo. Esto significa que exigir a los activos que financien la empresa requiere información fiable en tiempo real, controles periódicos exhaustivos y una gestión milimétrica de los periodos de cobro y la rotación de existencias.
El crédito no es ahora más fácil, pero el mercado está validando que los activos reales de las compañías vuelven a ser una de las palancas más seguras para sostener el crecimiento y proteger la caja.






































