la transformación estratégica de Simon hacia el futuro digital

La evolución industrial y digital no da tregua a las compañías centenarias. Algunas desaparecen, otras se venden y unas pocas consiguen mantener su independencia adaptando su negocio a las exigencias de cada etapa. Simon, la histórica empresa familiar nacida en Olot (Girona) en 1916, representa este último modelo. Lo que comenzó como un fabricante de portalámparas ha terminado por convertirse en un grupo internacional de soluciones tecnológicas para la gestión inteligente de espacios.

El fabricante de enchufes e interruptores ha iniciado una transformación profunda que va más allá de la digitalización. Simon aspira a integrar sistemas de control de iluminación, conectividad y gestión de energía en hogares, hoteles, oficinas y espacios industriales. Todo, sin abandonar su modelo de empresa familiar y su apuesta decidida por mantener las raíces industriales en su lugar de origen.

Una estrategia basada en diversificación industrial y control directo

Simon ha logrado consolidar su presencia internacional con fábricas en ocho países y una plantilla de más de 3.500 personas, distribuidas principalmente en España, China y Brasil. La compañía ha decidido racionalizar su modelo geográfico, situando sus tres plataformas industriales clave en Barcelona, Shanghái y São Paulo, para así centralizar desde estos polos la gestión de mercados estratégicos.

Esta decisión responde a un planteamiento claro: adaptar capacidades productivas y logísticas a las dinámicas locales, pero bajo un control centralizado de procesos, tecnología y marca. Simon ha evitado las deslocalizaciones masivas y mantiene su emblemática fábrica de Olot como eje productivo y centro de formación técnica con su Simon Academy. La inversión de 15 millones de euros en su modernización y la incorporación de talento especializado refuerzan su propósito de consolidar valor añadido industrial en origen.

De la fabricación industrial al negocio digital de servicios

Desde hace una década, Simon ha ido desplazando su foco desde la mera fabricación de dispositivos eléctricos hacia la gestión de sistemas inteligentes conectados. Fue en 2016 cuando la empresa conectó sus primeros interruptores a internet, apostando por sensores y plataformas capaces de recoger, procesar y gestionar datos en tiempo real.

Hoy, Simon no solo suministra interruptores, sino que proporciona a sus clientes soluciones completas de gestión energética, control ambiental y eficiencia operativa. Esto permite a cadenas hoteleras, edificios de oficinas o recintos deportivos automatizar consumos, mejorar el confort de los usuarios y optimizar los costes de mantenimiento.

Esta transformación ha supuesto una inversión de 100 millones de euros en cinco años, destacando la nueva sede corporativa en Barcelona, concebida como centro de innovación y desarrollo de soluciones domóticas y de conectividad. Este enfoque responde a una tendencia estructural: convertirse en proveedor de tecnología y servicios, no solo de productos físicos.

Responder a entornos inciertos desde la experiencia internacional

Simon mantiene una posición pionera en China desde 1999, cuando pocas empresas familiares españolas apostaban por implantarse en aquel mercado. La caída del sector inmobiliario chino en 2024 impactó en sus resultados, pero la compañía ha sabido reaccionar con rapidez. Su estrategia pasa ahora por reforzar la venta en grandes urbes y enfocar su oferta en la modernización y renovación de viviendas existentes, abriéndose además a mercados limítrofes desde su planta en Vietnam.

Este movimiento no es coyuntural. Responde a una visión estratégica que valora no solo el volumen de negocio, sino también la rentabilidad operativa, control de marca y adaptabilidad local. Una fórmula que ya consolidó en Polonia y que busca replicar en Escandinavia con la compra de la sueca Elit.

Orden industrial y cultura corporativa como ventaja competitiva

Uno de los aspectos menos visibles, pero determinantes en Simon, es su cultura interna de orden, control y disciplina industrial, inspirada en el modelo japonés de las ‘cinco eses’ instaurado por Toyota. Esta obsesión por la limpieza, estandarización y disciplina organizativa garantiza una operativa eficiente y un control exhaustivo de los costes y desperdicios, ventajas decisivas en un sector cada vez más automatizado y competitivo.

La empresa defiende con firmeza su independencia: Simon no se vende. Así lo ha confirmado su presidente, Sergio Vives, subrayando que el objetivo es transmitir una compañía saneada, rentable y actualizada a la siguiente generación familiar. En un entorno donde la continuidad de las empresas familiares resulta cada vez más difícil, Simon demuestra que la transformación estratégica sostenida en el tiempo es posible si se combina prudencia financiera, inversión en tecnología y fidelidad a los valores fundacionales.

Fuente: Activos