La sucesión de un CEO sigue siendo un desafío crítico para muchas empresas, incluso en los grupos más consolidados. Pese a su relevancia, solo el 26% de las compañías aborda esta planificación de manera estratégica y continua, según el informe Route to the Top 2025 de Heidrick & Struggles. Mientras magnates como Rupert Murdoch o Warren Buffett han avanzado en sus planes de sucesión, la mayoría de los consejos de administración continúa relegando este tema frente a otras prioridades.
La elección del próximo líder no puede limitarse a un evento puntual. Su correcta gestión impacta directamente en la cultura corporativa, la estrategia empresarial y la estabilidad frente a inversores y equipos internos.
La sucesión como disciplina estratégica
Un proceso de sucesión bien estructurado permite transformar un momento de vulnerabilidad en una oportunidad de reforzar la estrategia y la cultura de la empresa. Según Luis Urbano, socio de Heidrick & Struggles, las compañías que no priorizan la planificación del CEO también descuidan el desarrollo de sus equipos directivos, generando un riesgo para la continuidad operativa.
El estudio distingue tres enfoques: un 26% de los consejos gestionan la sucesión como un proceso estratégico continuo, un 53% lo activan de manera puntual según necesidades, y un 21% lo abordan de forma reactiva, solo ante emergencias. Las compañías que integran la sucesión en su estrategia de talento y liderazgo tienen casi un 60% más de probabilidades de reportar un desempeño financiero superior frente a sus competidores.
El rol del consejo y del CEO en la continuidad
Aunque un tercio de los CEO y consejeros considera la sucesión una prioridad absoluta, muchas veces queda relegada por otras urgencias corporativas. El consejo suele asumir que el CEO actual gestionará su propia transición, mientras que los grupos de interés prestan menos atención al tema que a cuestiones financieras o de crecimiento inmediato.
En este contexto, la gestión proactiva del liderazgo no solo asegura continuidad, sino que proyecta confianza entre empleados, socios e inversores, reforzando la posición competitiva de la empresa. Actuar sobre la sucesión del CEO como un factor estratégico y sostenido se convierte así en un diferencial que define la solidez y resiliencia de las organizaciones en entornos empresariales complejos.
Fuente: Expansión






































