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Lo sucedido en 2020 ha cambiado para siempre el modo en que trabajamos, en que hacemos negocios, y también ha cambiado a los empleados. La crisis sanitaria derivada de la COVID-19 ha acelerado algunas tendencias que iniciaron su puesta en práctica mucho antes de este año: una fuerza laboral más distribuida, mayor autonomía y responsabilidad de los empleados, o el hecho de dotar de significado al trabajo y a los contactos que realizamos. 

En los últimos meses, las aplicaciones empresariales SaaS y las máquinas manejadas por software han asumido el trabajo que las personas venían haciendo, una tendencia que seguro continuará. @oracle_es Clic para tuitear

Las organizaciones y sus empleados han tenido que adaptarse a un cambio enorme y a la incertidumbre a largo plazo. Ha sido todo un desafío, pero también ha precipitado la preparación para el futuro.

Estas son las cinco formas en que, desde mi punto de vista, el trabajo ha cambiado para bien:  

1. El trabajo tiene un significado diferente

Estamos acostumbrados a pensar en el trabajo como algo que hacemos para producir resultados, con independencia de que quien haga ese trabajo sea una persona o una máquina. Este año, hemos tenido que parar y reconsiderar este modelo. Las aplicaciones empresariales SaaS y las máquinas manejadas por software han asumido el trabajo que las personas venían haciendo, una tendencia que seguro continuará. Esto está cambiando el significado del trabajo para la gente. Le estamos otorgando mayor alcance, haciéndolo más inclusivo y empático, asegurándonos de que refleja nuestros valores.

A medida que las tecnologías emergentes como el Machine Learning (ML) y la Inteligencia Artificial (IA) entran en conexión, existe la oportunidad de liberar a los humanos de tareas repetitivas y mundanas de modo que puedan concentrarse más en tareas que aportan significado y valor a la organización.
Además, el ritmo del trabajo se ha acelerado y los límites físicos entre nuestro trabajo y nuestra vida personal se han disuelto. Aunque esto nos hace más productivos y ágiles, también implica que tenemos que establecer nuevos límites entre el tiempo laboral y el personal.

2. Han cambiado los trabajadores y lo que necesitan de sus jefes

A medida que el trabajo evoluciona, también lo hacen los trabajadores, lo que de verdad les importa, cuándo están disponibles y cómo hacen su trabajo. En muchos casos, no importa dónde nos encontremos físicamente. Estamos todos en algún lugar, trabajando. Los empresarios deben pensar en cómo ofrecer una experiencia a los empleados con independencia de dónde estén.  

Los directivos también deben introducir cambios en las prácticas de gestión. Primero, han de darse cuenta de que el trabajo en remoto exige un ritmo más intenso que el presencial y que, por ello, los empleados deben ser capaces de buscar huecos en sus calendarios para descansar y recuperarse. 

En segundo lugar, deben centrarse en asegurarse de que “todo va bien” con sus trabajadores en lugar de controlar a las personas. Más que realizar una encuesta sobre la experiencia de los empleados en toda la organización -de abajo hacia arriba, que requiera 19 rondas de depuración, y de la que luego habrá que extraer conclusiones-, la recopilación de información y la consecuente respuesta de los directivos debe realizarse de una manera más rápida y ágil, y tan cerca del empleado y de la gerencia como sea humanamente posible.

3. El modelo de negocio centralizado ha sido reemplazado por un modelo distribuido

El cambio más obvio en la forma en que operan las empresas es que la fuerza laboral se ha tornado más distribuida. Que haya una persona de cada 10 trabajando fuera de la oficina, es una cosa. Cuando hay 10 de cada 10 trabajando fuera de la oficina, el modelo cambia.

Pero no existe una solución única para todos. Algunas organizaciones confiarán en la nube, otras en los dispositivos móviles y la mayoría adoptará una solución híbrida. Los intercambios y relaciones humanas de cercanía podrán reemplazarse o complementarse con experiencias digitales “de cercanía” a través de tecnologías como los asistentes digitales.

Los datos desempeñarán un papel central: cuantos más datos se tengan y mejor se usen, más rápido se avanzará hacia una organización distribuida eficiente. Se espera que, en el futuro, las ventajas competitivas provengan de la toma de decisiones basadas en datos, gracias a la utilización de un conjunto integrado de aplicaciones y herramientas de negocio SaaS.

4. Los esfuerzos de digitalización se centrarán más en los RRHH

Hace unos meses, los esfuerzos de la digitalización se centraban en crear el next shiny object, es decir, la aplicación más popular o el altavoz inteligente más cool. Hoy, la digitalización significa eficiencia. Los datos pueden ayudar a comprender mejor a las personas. En lugar de contar personas, se pueden usar datos para hacer que las personas cuenten. ¿Qué los hace exitosos? ¿Qué impulsa su valor en una organización?.

Es evidente que la tecnología facilita la conexión entre las personas pero ¿cómo podemos utilizarla para crear conexiones en un entorno de trabajo distribuido? La clave está en escuchar a los datos y actuar en consecuencia. Cuando RRHH abre posiciones que requieren talento pero luego busca en otra parte a la hora de reemplazar o cubrir un puesto, probablemente no esté usando los datos que tiene sobre las cualificaciones, experiencias y fortalezas de los propios empleados. Primero, debemos asegurarnos de tener los datos correctos. Y una vez que lo tenemos, debemos preguntarnos ¿cómo lo usamos justo ahora para tomar la mejor decisión de negocio?

5. Gestionar el cambio es ahora tarea de todos, todo el tiempo

La mayoría de las organizaciones son terribles en lo que respecta al cambio organizacional. Son buenos a la hora de decirle a las personas que tienen que trabajar de manera diferente, pero no tan buenos para convencerles de por qué deberían trabajar de esa nueva manera -o qué beneficios van a obtener-. Parte de este cambio radica en encontrar nuevas formas de medir el éxito. En el pasado, el éxito se medía a nivel de proyecto: “llegar a tiempo” y “dentro del presupuesto” suelen ser dos de esas métricas.

En lugar de buscar solo vías de “hacer más con menos”, necesitamos hallar formas de “hacerlo bien con menos”. En cada cambio, deberíamos preguntarnos por qué lo llevamos a cabo. ¿Por qué estamos utilizando una tecnología? No es por la tecnología en sí misma. Lo estamos haciendo para disponer de mejores datos, mayor fidelidad y satisfacción de nuestros clientes, mayores beneficios económico, una mejor tasa de renovación, etc. Si se trata de hacer las cosas bien, no debemos medir a las personas, sino medir el impacto. Es vital vincular las métricas al impacto y no solo al éxito a nivel de proyecto, sobre todo en un momento en el que todo está cambiando más rápido de lo que se tarda en completar cualquier proyecto. 

Vivimos en un momento que nos obliga a ser lo más ágiles posible. Para lograrlo, debemos analizar estos cinco factores (trabajo, trabajador, empresa, transformación digital y cambio) y luego preguntarnos: ¿qué cambiará esta semana? ¿cómo respondo a esos cambios? En un mundo en constante cambio, debemos estar al tanto de estos cinco aspectos del trabajo, no anualmente ni trimestralmente, sino a diario.

Aquí puede descubrir más información sobre cómo Oracle hace el trabajo más humano a medida que nos adaptamos a un lugar de trabajo cambiante.

Sobre Jason Averbook

Jason Averbook es el CEO y cofundador de Leapgen. Con más de 25 años de experiencia en el ámbito de los RRHH y la industria tecnológica, es un reconocido analista, líder intelectual y consultor en el área de RRHH, Now of Work y el impacto que las tecnologías tienen en ese futuro.

Por Jason Averbook, CEO and Co-Founder, Leapgen