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Las startups son el objetivo de muchos inversores que desean impulsar nuevos modelos de negocio, pero elegir la empresa adecuada no siempre es sencillo.

Cuatro consejos para #invertir reduciendo el riesgo en una #startup Clic para tuitear

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A la hora de invertir en proyectos emprendedores es importante asumir que dicha inversión conlleva importantes riesgos. Sin embargo, haciéndolo de la forma correcta se puede lograr una rentabilidad muy atractiva.

En este sentido, Javier Megias, CEO de Startupxplore, considera que “para invertir en una startup con cabeza, lo primero es tener la voluntad y ser muy sensato porque son inversiones de alto riesgo y alto potencial de retorno. El riesgo es cierto y el retorno es potencial”. Independientemente del campo de actividad de la startup, la inversión conlleva una expectativa financiera, por lo que ha de hacerse con una aproximación sistemática, deliberada y sensata.

A la hora de discernir en qué startup depositar el dinero, hay que atender a una serie de aspectos clave:

Equipo

El equipo humano del proyecto debe estar equilibrado, es decir, que haya profesionales de diversas áreas como el marketing, negocios, tecnología, etc. Además, deben contar con conocimientos sectoriales del mercado en el que se quieren instalar, ser flexibles y que huyan del éxito inmediato.

Productos

Una de las cuestiones más importantes a tener en cuenta es que la empresa tenga productos y/o servicios que satisfagan las necesidades reales de los clientes.

Mercado

La escalabilidad es también un factor determinante para la inversión. Conviene fijarse en la posibilidad de crecimiento de la startup dentro del mercado en el que va a desarrollar su actividad.

Gestión y coordinación

Es recomendable llevar a cabo un análisis financiero, legal y de producto para tener evidencias de que la empresa se encuentra bien gestionada, así como métricas que muestren un desarrollo positivo en el mercado.

A pesar de realizar todas estas previsiones y estudios previos, toda inversión conlleva una serie de riesgos. El principal es la pérdida de capital, ya que existe una alta probabilidad de que la inversión no llegue a buen puerto. De hecho, 9 de cada 10 inversiones no salen bien. Esto no significa que sea un fracaso absoluto, sino que no se obtiene la rentabilidad o rendimiento deseado.

A este respecto Megias sostiene que “de esas nueve startups, dos o tres acaban cerrando con el paso del tiempo y entre tres o cuatro se convierten en malas inversiones. Son compañías que están en beneficios o van a llegar al beneficio, pero no crecen tanto como para que alguien la vaya a comprar. Es un fracaso a nivel de rentabilidad porque, como mucho, me pagarán un poquito de dividendos y, obviamente, no es muy rentable dado el riesgo asumido”.

También ha riesgo respecto a la liquidez, puesto que son compañías que no cotizan. La pérdida de control es otro elemento que genera preocupación a la hora de invertir, puesto que se compra una parte pequeña de la compañía. Ante esto, los inversores encuentran la solución en el establecimiento de una serie de condiciones, principalmente, la consulta ante decisiones importantes.

Fuente ElEconomista

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