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La cuarta revolución industrial no puede darse sin la participación de todos los departamentos de la compañía

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Toni Sojo, e-Learnig leader en ekon

¿Está la alta dirección empresarial preparada para afrontar con garantías la transformación digital? Dependerá del profesional encargado de liderar el cambio. También del sector de actividad y, especialmente, de las turbulencias que presente el mercado. Pero también del sistema que este profesional utilice para acometer esta transformación. En la medida de lo posible, dicho sistema debe evitar el desperdicio de tiempo y procesos, y una mala organización. Estas son las bases precisamente del sistema lean, que puede aplicarse a todo tipo de empresas. También a las oficinas. Cuando se usa en este tipo de entornos, al lean se le conoce como lean office.

Nos encontramos un nuevo marco. Apple, Google, Amazon Facebook y Microsoft son las cinco empresas más capitalizadas de mundo, con una valoración superior a los 365.000 millones de dólares. Curiosamente, las cinco son tecnológicas. Ni rastro en el top 5 de las empresas petroleras, farmacéuticas o financieras. Ni de las grandes consultoras de servicios que lideraban la economía hace sólo unos años. ¿Qué implica esto? ¿Vamos hacia una nueva figura de gestor empresarial?

Lean office en la nueva gestión empresarial

Es posible que los sistemas que se emplean en la gestión empresarial estén cambiando, dando lugar a un nuevo tipo de gestor. No es algo que esté pasando desapercibido, y ya lo están teniendo en cuenta muchas escuelas de negocios. Tanto en sus procesos selectivos como formativos. Hablamos de un tecno-manager que utiliza técnicas de lean office y aplica el diseño de una estrategia digital efectiva al gobierno corporativo de su empresa, que acogerá la transformación digital en su estructura organizativa.

Si hasta ahora la tecnología en las empresas era sólo competencia del departamento de informática, la cuarta revolución industrial no puede darse sin la participación de todos los departamentos de la compañía. CIOsCFOs y, especialmente los CEOs, son quienes no sólo deben creer en la transformación digital de su empresa. Deben liderarla y hacer partícipe de ella a todos los colaboradores.

¿Qué características deben tener estos nuevos gestores? Básicamente, tienen que comprender la tecnología aplicada al negocio. Además, deben implementar en su organización, en la medida de lo posible, criterios de empresa “nativa digital”. Esto es, la capacidad de innovar de una forma más rápida y ágil, asumiendo la cultura del riesgo y la experimentación. Para ello es necesario que apuesten por nuevas metodologías, como agile, vica, innovación abierta o mínimo producto viable. Que, tal como dictan las técnicas de lean office, prescindan de procesos y elementos innecesarios y redundantes. Y sobre todo, que contemplen que ya no se planifica a años vista. Los planes estratégicos a cinco años ya no tienen sentido.

Del mismo modo, esta transformación digital implica una revisión de los modelos y las herramientas de gestión empresarial, que deben ser sencillas, adaptables y flexibles. Nos referimos, entre otros, a ERPs y aplicaciones innovadoras, eficientes y globales. Con ellas, los empleados tendrán más libertad para, a través de los indicadores correctos, suministrar en tiempo real información que permita la correcta toma de decisiones.

Los nuevos directivos y la empresa líquida

Además de todo esto, el nuevo tecno-manager debe tener una visión amplia, que le permita convertir las capacidades tecnológicas en oportunidades de negocio. Todo ello añadiendo al mix sus conocimientos en las operaciones, las finanzas, el marketing, la experiencia del consumidor y el seguimiento del mercado. Si los antiguos gerentes de las empresas, en muchos casos, no se preocupaban de lo que pasaba fuera de su organización, los nuevos directivos deben hacer todo lo contrario y liderar pensando en los aspectos externos que afectan a su compañía.

El filósofo y sociólogo inglés de origen polaco Zygmunt Bauman (1929 – 2017) habló a principios de los 90 de la Modernidad líquida, en la que observaba, de manera muy crítica, cómo el capitalismo globalizado está acabando con la solidez de la sociedad industrial. “En una vida moderna líquida no hay vínculos permanentes, y cualquier cosa que ocupemos por un tiempo debe estar ligada libremente para poder desatarse de nuevo, tan rápido y sin esfuerzo como sea posible, cuando las circunstancias cambien”, dijo Bauman.

Esto, extrapolado al mundo empresarial, implica que nos dirigimos a un nuevo tipo de empresa que también podemos denominar líquida. Estas deben fluir y ser capaces de adaptarse y transformarse según los cambios externos. Empresas proactivas, ágiles, abiertas, innovadoras y que se encuentren en un constante proceso de cambio. Gracias a, entre otros factores, la tecnología, y a técnicas de gestión como el lean office. Falta ahora encontrar líderes —líquidos o no— que estén a la altura del reto que se les presenta.