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Un nuevo algoritmo computacional revela medidas para alcanzar el consenso en grupos

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La toma de decisiones puede ser un proceso muy subjetivo. Esto es especialmente cierto cuando las decisiones deben tomarse en grupos en los que predominan los desacuerdos y las diferencias de opinión, por lo que resulta difícil llegar a un consenso.

En una investigación basada en análisis lingüísticos y algoritmos matemáticos se observó cómo se expresaban los expertos en entornos de toma de decisiones en grupo y se midió su grado de desacuerdo, reticencia y consenso.

“Los términos lingüísticos son un factor clave para comprender la incertidumbre inherente al razonamiento humano a la hora de expresar preferencias”, explica la profesora Agell, y añade: “Cuando las evaluaciones de quienes toman las decisiones implican vacilación, la información lingüística puede ser una herramienta eficaz para determinar en qué medida discrepan y se polarizan las opiniones de los expertos en el grupo”.

Llegar al consenso

En caso de diferentes escenarios en la toma de decisiones en grupo, el algoritmo calcula no solo el estado de consenso de los expertos sobre cada una de las posibles soluciones, sino también el grado de discrepancia dentro del grupo, teniendo en cuenta las opiniones indecisas.

Para ello, el sistema analiza expresiones imprecisas y dubitativas utilizadas por los expertos y calcula el nivel medio de consenso en función de la distancia entre la opinión predominante en el grupo y la opinión individual de cada uno de los expertos.

“Los resultados muestran que el nivel de consenso en los grupos está más cerca del razonamiento de sentido común”, afirma la profesora Agell, y continúa: “Y la medición de la discrepancia en términos de las diferencias existentes es crucial para diferenciar entre grupos y encontrar las posibles maneras de llegar a un consenso”.

Encontrar a los expertos adecuados

A veces, a la hora de elegir a los responsables de la toma de decisiones para evaluar diferentes alternativas, conviene un experto resuelto en vez de prudente. Otras veces, puede ser útil contar con un experto más inconformista capaz de abrir una puerta a la innovación. Y a veces es al revés.

En su investigación, los autores diseñaron un perfil de experto que hace un seguimiento de las evaluaciones previas de los expertos y determina su grado de precisión y discrepancia en relación con el equipo encargado de la toma de decisiones. Este perfil podría ser útil para cualquiera que tenga que elegir a los miembros de un grupo que toma decisiones, ya que puede identificar de antemano las principales características de las evaluaciones de cada uno de los posibles miembros.

“Por ejemplo, si queremos tener un comité en el que se alcance fácilmente el consenso, podemos elegir a responsables cuyas opiniones se aproximen a la opinión general, lo que se traduce en una baja precisión y una baja discrepancia”, constata la profesora Agell.

“En cambio, si preferimos un comité en el que se defiendan con firmeza opiniones polarizadas, deberíamos elegir responsables decididos cuyas opiniones tiendan a desmarcarse de la opinión general, lo que significa un alto grado de precisión y discrepancia”.

Los perfiles recogen las actitudes de los expertos en evaluaciones anteriores y pueden ser útiles para seleccionar a las personas adecuadas para futuros comités o grupos en los que se toman decisiones.

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