estado emocional

El 91% de los directivos declara sentirse estresado, el 80% reconoce haberse sentido desbordado por el estrés, y una amplia mayoría considera que esta problemática afecta directamente a su salud

¿Qué pautas podemos seguir para controlar nuestro estado emocional? #management Clic para tuitear

Nuestro estado emocional influye enormemente en nuestra forma de actuar. Las emociones tienen mucha fuerza y son difíciles de cambiar. Actúan como un filtro que condiciona nuestra percepción de la realidad y determinan nuestras expectativas, las cuales son esenciales para comprender nuestra conducta tanto dentro como fuera de la empresa. Nuestro trabajo y nuestra vida personal tienen vasos comunicantes: Lo que nos pasa en el trabajo nos afecta fuera de él, y lo que nos sucede fuera del trabajo nos lo llevamos al trabajo.

Recientemente, los medios se han hecho eco del trabajo titulado ¿Cuál es el Índice de vida saludable de los directivos en España?, elaborado por la Universidad Europea de Madrid y la aseguradora DKV. Uno de los resultados más preocupantes de esta investigación está relacionado con el estado emocional de los directivos. Concretamente, el 91% de los encuestados declaró sentirse estresado, el 80% reconoció haberse sentido desbordado por el estrés, y una amplia mayoría consideró que esta problemática afectaba directamente a su salud. De hecho, si esta respuesta del organismo se mantiene de forma prolongada, convirtiéndose en estrés crónico, no sólo puede causar depresión o ansiedad, sino también hipertensión arterial, diabetes u obesidad.

Para atenuar los efectos del estrés sobre nuestro estado emocional es recomendable seguir las siguientes pautas:

Para

Si ves que te cuesta mucho seguir, para. No hay puesto ni dinero que compense un infarto.

Cuida el modo con el que te hablas

Procura hablarte en positivo. Según cómo nos hablamos moldeamos nuestras emociones, las cuales cambian nuestras percepciones. No es lo mismo decirse “todavía tengo una hora” que “solo me queda una hora”. Lo primero es mejor porque contribuye a calmarse. Ser positivo no consiste en negar lo negativo, sino en centrarse en lo que puede ser útil. Quejarse de lo que está mal es razonable, pero no es práctico. Los pensamientos negativos solo favorecen el que las personas entren en bucle, lo que se conoce como rumiación.

Evita las personas tóxicas

Algunos compañeros de trabajo pesados o clientes insufribles pueden llegar a volverte loco. No trates de enfrentarles, solo conseguirás desgastarte.

Cuida tu cuerpo

La salud física es una condición indispensable para la salud mental. Ya lo decían los clásicos: mens sana in corpore sano. Cuidando tu cuerpo cuidas también tu mente. El peor descuido es el de las necesidades fisiológicas. Dormir bien y comer bien es fundamental para trabajar bien. Y hacer ejercicio de forma regular y moderada es necesario para tener energía.

Evita las discusiones

Decía el cardenal Mazarino que “si te ofenden, lo mejor es que actúes como si no hubiera pasado nada, porque las disputas solo generan disputas, y ya no tendrías paz”. Al tratar con personas conflictivas, debemos intentar no hacer caso de sus ataques y evitar convertir los conflictos en algo personal. A veces, cambiando de actitud podemos conseguir que ellos cambien también su forma de actuar. Esto no significa que debamos ceder siempre. Se trata de encontrar un camino que nos permita hacer frente al problema sin demasiado coste personal.

No insistas cuando el otro no escucha

No intentes que alguien que no escucha te comprenda. Da igual lo buena que sea tu intención: es como tratar de inflar un globo pinchado.

Haz lo posible para estar de buen humor

El buen humor aumenta la capacidad de concentración porque permite poner toda la carne en el asador al no despilfarrar recursos cognitivos en pensamientos negativos derivados del mal humor.

Disfruta de tus momentos de ocio

Para los clásicos el ocio era el tiempo más importante, porque era el consagrado a la mejora de uno mismo, a la contemplación, a la conversación con los amigos… El nec-ocio era para los pensadores griegos aquello que hay que hacer para ganar dinero cuando no queda más remedio. Esto es, el ocio sería el espacio dedicado al enriquecimiento personal y el negocio las actividades imprescindibles para poder pagar las facturas.

Llévate bien contigo mismo

Se quiera o no, uno se pasa el día consigo mismo. Ser autocomprensivo no implica ser autocomplaciente. La comprensión se basa en la honestidad, mientras que la autocomplacencia está relacionada con el victimismo o la falta de propósito de enmienda. Equivocarse de forma no intencionada es humano. Además, los errores deben verse como una oportunidad para aprender y no como un fracaso. Quererse no es ser narcisista; solo implica valorarse. Hablarse en positivo es fundamental. Los pensamientos negativos, cuando son frecuentes, se vuelven automáticos, y nos hacen rumiar y agotarnos emocionalmente al llevarnos a estar dando vueltas constantemente sobre lo mismo.

No dejes que te manipulen

Hay que tener mucho cuidado con las personas hipócritas y envidiosas. Actúan de forma deshonesta, mienten y traicionan fácilmente nuestra confianza. Este tipo de individuos buscan dañar nuestra reputación difundiendo rumores o sembrando cizaña, contando mentiras o medias verdades a otras personas. En estos casos nunca hay que mostrar debilidad.

Un manipulador no irá a buscar a un egoísta. Tratará de aprovecharse de alguien sensible, bueno. El modus operandi suele ser mostrarse zalamero, para lograr que la otra persona ceda y, posteriormente, aprovecharse de ella.

Lo loable es ser generoso, no tolerante. Y la auténtica generosidad exige ser intolerante con el abuso. Si dejamos nuestro bienestar en manos de los demás estamos totalmente indefensos. Es importante ser consciente de que cuanto menos generosas sean las personas que nos rodean, más vulnerables somos. Si no tienes muy claro que jamás debes permitir que te manipulen, es fácil que otros abusen de tu bondad y confianza.

Evita las situaciones que te ponen de mal humor

Ser emocionalmente inteligente implica evitar aquellas situaciones que uno sabe que serán desagradables. De la misma forma que sabemos que hay alimentos que nos sientan mal o cuya digestión nos resulta muy pesada, si cada vez que veo a Antonio me pongo de los nervios, lo más inteligente es no salir a la misma hora que él sale a tomar café. Ojos que no ven, corazón que no siente. Las emociones siguen una lógica implacable: sentir ira por ver a alguien que no soportamos es tan natural como sentir asco al oler algo podrido.

Aprende a perdonarte

Hay que aceptar que errar es humano, lo que no consiste en ser autoindulgente por sistema, sino en aplicar el principio de no hacerse daño a uno mismo. Y si alguna vez caes en el pozo, haz lo posible para salir de él lo antes posible, en lugar de lamentarte. El sufrimiento es inútil. Y precisamente por este motivo, perdonarse es una de las claves de la felicidad, junto con quererse y tomar las riendas de tu vida. Si no aprendes a perdonarte, no aprendes a vivir.

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