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En un entorno tan digitalizado como el actual y, más aún, como el que se perfila en los próximos años, es de esperar que la tecnología ocupe cada vez más espacio en diferentes áreas, operaciones y actividades empresariales.

[email protected] explica cómo pasar de la tecno-dependencia a la tecno-exigencia #tecnología Clic para tuitear

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Desde luego, también en el ámbito personal. Negar eso sería una insensatez. Sin embargo, el control de las personas y, más aún, la puesta en valor de estas sobre cualquier evolución tecnológica permitirá transitar con éxito en la era del conocimiento.

Las personas deben seguir estando en el centro de cualquier acción tecnológica que se implemente. Y creo que, en el ecosistema español de pymes, en gran medida, es así. Por eso, cualquier proyecto nuevo que abordamos, ya sea desde el punto de vista de la gestión o del desarrollo de una nueva herramienta hay que poner el foco en que sean las personas las que sigan ejerciendo el control sobre la máquina y no a la inversa.

En este sentido será la “tecnología con alma” la que ponga el punto diferencial sobre la cantidad de dispositivos, aplicativos, soluciones y demás herramientas TI que incorporen las pequeñas y medianas empresas en los próximos meses. Hablamos de “tecnología con alma” para poner en valor el papel que deben desempeñar las personas en los procesos de evolución tecnológica y, más aún, en el desarrollo de cualquier nuevo dispositivo o solución. Deberán ser estos los que se pongan al servicio de las personas -clientes y/o empleados- y no a la inversa.

En 2019 veremos novedades respecto a los aplicativos de gestión: más innovación para incorporar a estos programas de gestión de recursos empresariales nuevas funcionalidades, más servicios y un carácter más ambicioso en cuanto a operativa, navegación, seguridad y rapidez. Con ellos las pequeñas y medianas empresas podrán mejorar sus ratios de productividad, eficiencia y rentabilidad, siempre y cuando, la tecnología sea lo suficientemente ágil y flexible como para adaptarse a los requerimientos de las personas que los manejen.

Está claro que un ERP exige una reingeniería de procesos en el entorno de una pyme. Es obvio que una solución de este tipo ayuda a las organizaciones a ordenar, a automatizar y, por tanto, a procedimentar determinadas funciones. Establecer protocolos y modelos de trabajo que apunten a la eficiencia, a la minimización de los errores, al ahorro de costes y a la reducción del tiempo empleado. Pero, aún así, seguirá siendo el “bienestar” de las personas el que determine el éxito o el fracaso de cualquier nueva tecnología.

Es decir que, si un aplicativo exige la dependencia tecnológica del usuario, es muy probable que acabe siendo despreciado o, cuanto menos, infrautilizado. Las personas deben percibir las bondades que aporta la tecnología y, desde luego, la dependencia no es una de ellas. Una tecnología transparente, sencilla y que, de verdad aporte lo que “promete”, es la clave para vincularla a las personas que la utilizan o que, directa o indirectamente, se benefician de ella.

No buscamos usuarios que estén pendientes de la pantalla de su ordenador, de las alertas en sus dispositivos móviles para comprobar si cumple o no el vencimiento de un pago o la presentación de un modelo impositivo. Buscamos, por el contrario, personas confiadas que puedan poner el foco en una visión más pragmática, más proactiva e, incluso, más estratégica de sus funciones.Es decir, personas que tengan la certeza de que pueden acceder a la información que necesitan a golpe de clic y ejecutar cualquier tarea desde donde quieran y cuándo quieran. El verdadero valor será dejar de ser tecno-dependientes y ser sencillamente tecno-exigentes.